Noche de la presentación del primer anuario de la Revista Conexos
 
Miami, octubre 23 de 2013

Palabras de Reinaldo García Ramos sobre la Revista Conexos

Las revistas literarias y el olvido

En una entrevista que concedió en Japón, durante su visita a ese país de 1979, Jorge Luis Borges, con la gracia y la agudeza que lo caracterizaban, dijo: “Para recordar algo lo mejor es olvidarlo y que esa primera imagen vuelva al cabo de los años.”

Esa frase borgiana se conecta, a mi entender, con los hechos que festejamos esta noche: el aniversario de la revista digital Conexos (al terminar un año que parece surrealista, pues se compone de 16 meses) y la salida del primer Anuario impreso de esa publicación.

Pues podría decirse que el objetivo final de las revistas literarias se inscribe en ese sistema de olvido y rescate que Borges apunta: los escritos que esas publicaciones recogen nunca se pierden ni se olvidan; se depositan poco a poco en un compás de espera, se duermen en algún círculo de la memoria, como un sedimento. Al cabo de los años, si reencontramos la página en que esos escritos están, ese sedimento se reaviva, y volvemos a esas lecturas con mirada nueva, completamos la imagen que los textos nos habían dejado. Ese ejercicio de leer primero y olvidar a medias, preservar lo leído en un ámbito impalpable, para más tarde regresar al texto y recuperarlo con otras resonancias, nos da siempre un genuino placer.

¿Qué otra cosa sentimos cuando nos cae en las manos un viejo ejemplar de Sur, de Orígenes, de Poetry, o de cualquiera de las espléndidas revistas que hemos leído en el pasado, sino el placer de un reencuentro, la emoción de entrar de nuevo en un terreno conocido, entrañable, que nunca estuvo esfumado del todo y que vuelve a nosotros como un descubrimiento? No en balde otro gigante de las letras, Octavio Paz, quiso que una de sus publicaciones periódicas llevara precisamente ese título: Vuelta.  Vuelta a lo aprendido, a lo que quedó sembrado en nosotros mismos, no sólo en la página.

En ese amplio escenario de olvidos parciales y recuerdos rescatados es donde, me parece, se define el valor de las revistas literarias.  Bajo esas luces de atesoramiento y recuperación, se produce un milagro de continuidad que consta siempre de un hecho actual (la publicación reciente) y de un hecho futuro (el retorno a su lectura).  Y si esas revistas tienen la formidable idea de publicar un anuario, mucho mejor.

En el caso concreto de Miami, donde Conexos se edita, esa continuidad se enriquece de modo particular. Las publicaciones literarias y de arte de esta ciudad están llamadas a recoger, sin duda alguna, las huellas del debate cubano, pero tienen también la suerte de recibir el aporte de innumerables autores y artistas de otros países hispanoamericanos que buscan en esta ciudad, aunque no vivan en ella, un entorno propicio para la difusión de su trabajo. Ese aporte es necesario, reaviva y enaltece. La revista Conexos, me satisface destacarlo, se ha preocupado desde su inicio por reflejar esa riqueza plural, que se transforma constantemente.

Por eso y por muchas razones más, antes de que Eva, Rodolfo y Ernesto traigan el cake del cumpleaños, con la velita encendida, y todos soplemos esa llama del año festejado, quiero saludar con alegría este aniversario de Conexos y la salida de su primer Anuario.  Celebremos este esfuerzo generoso de sus editores, con la certeza de que toda revista literaria salva siempre algo, rescata algo, reafirma y proyecta una conquista cultural irreemplazable.  En cada montón de palabras que un autor de talento coloca en una página cualquiera, hay siempre una verdad, una parte de la verdad colectiva, que merece atención.  En esa sucesión de voces contrastantes, con sus reclamos y angustias, dejamos un legado que hablará con precisión de nosotros, de nuestras virtudes y desaciertos, pero sobre todo de nuestras esperanzas.

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