'RETRATO DE NUBIA', NOVELA DE RODOLFO MARTíNEZ SOTOMAYOR
Por Ena Columbié, El Nuevo Herald
Viernes, 10 de noviembre de 2017

Retrato de Nubia (Silueta 2017) es una novela fraternal. Ahí mismo se detiene el lector y hace una búsqueda en su mente tratando de encontrar alguna referencia sobre ese término. No existe claro, pero es una novela fraternal, sobre todo para el lector cubano. Es una historia de momentos entrañables de nuestra juventud en las últimas tres décadas del siglo pasado cubano y la vida en el exilio; las escuelas en el campo, las controversias y atropellos por la música Rock, los mítines de repudio cuando El Mariel.

"Cuando pasó lo del Mariel tuve que renunciar a Educación. Mis alumnos fueron muy leales, me acompañaron hasta el final, claro, en un acto de repudio donde estaban los que más había ayudado. Era doloroso, esos gritos eran peores que las piedras o los huevos de los desconocidos." (p. 38)

Nada hay más fraterno e íntimo que los recuerdos, y esta es una novela de los recuerdos, de la introspección, escrita con la diafanidad que nos permite reír pensando "Yo estuve allí, yo también lloré, pero ya pasó todo".

Con la distancia de los años por medio y el devenir del tiempo; con varios libros que le preceden y narran historias parecidas, Retrato de Nubia da un giro personal y diferente a todo este tema de lo cubano, al dejar de lado el rencor, la amargura y el dolor de lo pasado, de lo perdido, y apoyarse en la ironía y en el humor, dos armas letales cuando se saben usar, como es el caso. La nostalgia también se refleja en los espacios donde siempre aparece una referencia a Cuba, en la música; en los restaurantes de la calle 8, en las obras de arte, los teatros; pero hablar de la isla y Miami sin sacar la política, sería inconcebible y a ratos sentimos los dardos:

"Yo creo en el sacrificio por las personas cercanas, no por las lejanas desconocidas. La mayoría de los mártires se inmolan por los que no conocen y hacen sufrir a los que conocen (…) José Martí amante de Carmen Mantilla, la esposa de su gran amigo que le dio cobijo en Nueva York; Bolívar con sus treintaiocho amantes; Mariana Grajales, enviando a sus hijos a la guerra, es decir, a la muerte segura (…) Los dictadores y criminales de izquierda no están en esa categoría. Ellos son una raza aparte que se caracteriza por ser despreciada hasta por los hijos o hermanos, como es el caso de Fidel Castro o Stalin." (pp. 34-35)

Pero no sólo la crítica a la izquierda sale a flote, también los lastres de la sociedad capitalista se reflejan con similitudes:

"-Esa no es una desamparada común, tiene una historia romántica, dicen que enloqueció cuando murió su prometido un día antes de la boda. Ella construye su salida de luna de miel, esa que nunca tuvo. De vivir en la Habana de los cincuenta fuera una leyenda, como el Caballero de París, pero le tocó el Miami de los dos mil. Esta ciudad no hace leyenda de perdedores." (p. 34)

Las mismas historias, los mismos tabúes en ambas orillas. Tan distantes y tan similares, porque no se trata de lugares, sino de la esencia de los individuos, la raza humana con su insoslayable semejanza.

Escrita, como ya dije, con claridad, sin rebuscamientos ni altas "pretensiones"; con el deseo de plasmar una época y dos mundos, algunos de los mejores momentos narrativos de Retrato de Nubia, son cuando se aplica el monólogo interior como recurso. Hemos venido Cecilia y yo hasta el lago donde están tus cenizas. Ella busca flores por la orilla y con su cámara retrata gigantescas iguanas que pretenden ocultarse entre verdes manglares. (p. 9)

Mucha poesía, recuerdos, realidades entremezcladas con la ficción, política, música, literatura, una variedad de referencias y temas que entran y salen, de personajes muy parecidos a nosotros y situaciones inconfundibles, hacen que Retrato de Nubia sea una novela agradable, divertida y fraterna, que nos refresca la mente para reafirmarnos que hicimos bien en vivir donde escogimos hacerlo.

 

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